USAID, NED y CIA. PRIMERA ENTREGA.


USAID, NED y CIA

La agresión permanente for Democracy (NED) cuadruplicaron los fondos entregados a sus aliados en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Cuba del 2002 al 2006. Sólo en Venezuela, invirtieron más de 50 millones de dólares en ese tiempo para alimentar a los grupos de la oposición, promoviendo adicionalmente la creación de más de 400 nuevas organizaciones y programas para filtrar y canalizar esos fondos.

A diferencia de Cuba, Washington tenía entrada directa dentro de Venezuela, y así comenzaron a ampliar las redes de penetración e infiltración dentro de las comunidades populares, intentando debilitar y neutralizar a la Revolución Bolivariana desde adentro.

Del 2005 al 2006, la USAID reorientó más de 75% de sus inversiones en Bolivia a los grupos separatistas que buscaban socavar el gobierno de Evo Morales. Para el año 2007, el presupuesto de la USAID en Bolivia llegó a casi 120 millones de dólares.

El financiamiento a los partidos políticos de oposición y los movimientos separatistas era su trabajo principal. Tan cruda y evidente era la injerencia de la USAID en Bolivia que el gobierno de Evo Morales expulsó al embajador estadounidense, Philip Goldberg, del país en septiembre 2008. Las constantes conspiraciones e intentos de desestabilizar al gobierno de Evo fueron bien documentados y evidenciados. El embajador Goldberg realizaba actos y eventos políticos públicamente dentro de Bolivia con grupos separatistas, en pleno desafío del gobierno boliviano. Su expulsión fue la marca de una Bolivia soberana, ya no subordinada al imperio estadounidense. De hecho, el presidente Evo Morales es hoy el líder suramericano que más ha actuado con contundencia y dignidad frente a la injerencia imperial en su país. En los últimos dos años, la DEA (agencia antidrogas de EEUU), la USAID, y el embajador de Estados Unidos han sido expulsados por sus constantes violaciones de la soberanía boliviana.

Sin embargo, la agresión continúa.El despertar de los pueblos ha abierto caminos de integración y de unión, que jamás han existido en la historia. La creación de la Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), y su firme consolidaciones políticas, medios de comunicación, instituciones y agencias a su servicio. Reiniciaron la maquinaria de agresión, ésta vez a una escala mayor. Las garras imperiales intentaban sumergirse en las tierras libres de Venezuela y luego en Bolivia, Ecuador, Honduras, Nicaragua, y en cualquier rincón que olía a revolución.

El golpe de estado en Venezuela en 2002 fue la primera señal del retorno de la mano imperial de Estados Unidos en América Latina.

Washington siempre ha mantenido un alto nivel de intervención en la región para asegurar su dominación, pero con la excepción de Cuba, durante los años previos al inicio de la Revolución Bolivariana en Venezuela había cierta “estabilidad” de la política imperial en las Américas. El modelo neoliberal y la democracia representativa fueron efectivamente impuestos por Estados Unidos en casi todos los países latinoamericanos durante los años noventa. Y cuando Venezuela salió del cuadro, Washington respondió con furia.

Cuando el golpe de estado fue derrotado por el pueblo venezolano junto a sus fuerzas armadas leales, y el Presidente Hugo Chávez regresó al poder, las agencias estadounidenses tuvieron que repensar sus tácticas. Luego vino el paro petrolero y el sabotaje económico, junto al inicio de una brutal guerra psicológica y mediática. Al mismo tiempo, había insurrección en Bolivia. Los movimientos indígenas, los cocaleros y campesinos estaban ganando fuerzas tras el liderazgo de Evo Morales. En Ecuador, el descontento popular con los gobiernos corruptos causó una grave crisis institucional, y la demanda del pueblo para reconstruir un sistema podrido logró sacar gobierno tras gobierno que no representaban sus intereses.

Durante este periodo, Washington estaba moviendo sus piezas, aumentando el financiamiento a los partidos políticos y las organizaciones no gubernamentales que promovían su agenda.

Las dos principales agencias financieras de Estados Unidos, establecidas para realizar gran parte del trabajo de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) pero con una fachada legítima, ampliaron su presencia por toda América Latina. La Agencia del Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID) y la National Endowment Jean-Guy Allard  y  Eva Golinger

Muchos pensaban era incapaz de ordenar un golpe de estado contra un presidente democráticamente electo. La llegada de Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos fue desarmante para los miles de millones que caían bajo la seducción de su discurso sobre esperanza y cambio. Luego de ocho años de George W. Bush y la guerra de terror que lanzó contra el mundo, un mensaje de cambio y esperanza no solamente era refrescante, era necesario para la superviviencia de la humanidad. Pero del mensaje a la acción, hay un largo camino. Y a veces, el mensaje es sólo para distraer y desviar la atención, mientras todo lo demás sigue en marcha.

La Cumbre de las Américas en Trinidad y Tobago logró bajar la guardia de la resistencia antiimperialista en América Latina. Las sonrisas, abrazos e intercambios de manos, regalos y palabras bonitas entre los jefes y las jefas de estado de América Latina y Obama indujeron un respiro continental, y disuadieron – por un momento – las tensiones. La reacción de América Latina frente a este perplejo representante del imperio no fue cerebral, fue emocional. Porque de haber escuchado bien el discurso de Obama en la Cumbre, sus intenciones imperialistas eran obvias. Llamó a olvidar el pasado, diciendo claramente “no vine a debatir el pasado”, y regañó a aquellos que se quedaban, según él, “atrapados” en el pasado. Es una actitud típica de Estados Unidos: cometer toda clase de atrocidad hoy y mañana decir que hay que olvidarlo.

Porque, según la lógica imperial, sin olvido no hay progreso. ¡Claro, porque si recordamos todas sus barbaridades, no seguiremos permitiéndolas! Para los que sufren por las acciones y decisiones de Washington, está prohibido olvidar. Para nosotros, sin memoria no hay futuro.

A su salida de la cumbre, Obama declaró ante la prensa que su objetivo era “recuperar el liderazgo y la influencia de Estados Unidos en América Latina”. Más claro no canta un gallo. Y la secretaria de Estado Hillary Clinton, respondiendo a una pregunta de la prensa en camino a la cumbre, sobre si su administración consideraba a América Latina importante, exclamó: “por supuesto, ¡es nuestro patio trasero!” esta verdad continuara…..

La segunda entrega de este reportaje especial, usted puede leerlo en nuestro Blog afin: http://mdpoccidente.blogspot.com/

 

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